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perezitablog

Ama mi caos.

Belleza

Belleza que veo donde nadie la ve. Distinta, pero bonita. Y querida, desde mi perspectiva. Las hojas secas rotas, las gotas desechas en primavera. Ese preciso momento cuando el viento cesa y calla. El sol en invierno escondido por culpa del infierno. La madera mojada, las paredes rasgadas. Las uñas mordidas, el pelo enredado. La ropa desencajada, las ojeras. Labios cortados. Miradas tristes y sonrisas apagadas. El arte en las nubes. Personas torpes. Tormentas de madrugada interminables. Palabras vacías. Libros que se releen. Aquellos que se odian, los que no se quieren. Canciones ardientes, música de los noventa. Y felicidad donde no la hay. Saltar charcos. Ponerse un gorro de lana. Autofotos. Y, sobretodo el invierno; mi querido y amado invierno.

(sé) siento

Sé que eres honesto, sensible, humilde, con mirada triste y corazón de buena fe. Tus sentimientos reflejados por tus ojos gritan la realidad -no la verdad-, y yo los puedo interpretar. ¿Acaso me conoces? No, jamás. Soy lo que nunca sabrás, mi yo está escondido detrás de la oscuridad. Me gusta bailar entre las cenizas, cuando las llamas están apagadas y el fuego ya no ilumina los reflejos de nuestro interior. La luna es la única, puede, que sepa quien se añora a cada instante, y yo te añoro. Triste, que no sepas de mi existencia. Y, algún día, espero que te des cuenta de que te quiero. ¿Sabes que sería emocionante? Que me leyeras y que después me respondieras sin responder. Como un mensaje instantáneo, sin contenido. Algo que se pueda deducir, descifrar con un poco de memoria e ilógica. Sin racionalidad, de ahí sale la verdad.

destroza corazones

Destrozo corazones, sólo me limito a mis propias limitaciones. Y lo siento, de verdad, con toda mi alma. Pero cuando hay amor, todo lo otro lo supera, y no puedes aunque quieras evitarlo. Siempre alguien saldrá herido, y otro medio perdido. Aunque haya ganado la batalla, pero es que en una guerra siempre se pierde, nunca se gana. Porque si los dos estáis enamorados, si vuestro sentimiento es leal, fiel, no morirá. Resurgirá entre las cenizas o de la nada. Lo jodido, es que los dos acabáis jodidos, felices, tristes, desechos, triunfando, lo jodido es que los dos sentís por igual, y eso duele, aunque a veces saltes al vuelo; pero siempre aterrizas cayendo de culo al suelo, desarmando tu alma, quedándote más muerto que un muerto. Viviendo con un vacío eterno. Y que bien que tú me lo llenas con una mirada y una sonrisa, entera, que me rehace por segundos y me deshace por largos minutos de mi desgraciada vida.

“Estoy…”

Este es un escrito mío del 2015-2016, cuando tenía entre 15 y 16 años… espero que os guste!!

De piernas cruzadas estaba sentada en la silla naranja de su escritorio, con la cabeza hacia atrás y mirando el techo blanco de su habitación. Las zapatillas cayeron de sus pies estallando contra el suelo, haciendo un leve ruido justo cuando giró todo el cuerpo quedando de cara a la pantalla del ordenador, que permanecía encendido. Sopló cansadamente descruzando las piernas y poniéndose las zapatillas. Se centró en el salvapantallas, tocó una tecla y abrió un documento de Word.

“Estoy…”

Se levantó apresuradamente sin motivo alguno, y como si alguien la estuviera observando a sus espaldas, salió del cuarto dirigiéndose al baño. Después de lavarse la cara se quedó mirando el rostro que se reflejaba en el espejo. Entrecerró los ojos acercándose aún más al cristal. Observó unos grandes y expresivos ojos, semejantes al color del café con leche. Analizó sus cejas, ni pobladas ni despobladas, bien colocadas y perfiladas. Echó un vistazo a su melena castaña, donde de ella caían mechones rubios sin parecer superficiales. Se relamió los labios y sonrió falsamente, dejando ver la dentadura blanca, pequeña y perfecta, que le quedó después de año y medio llevando hierros. Finalmente recorrió todo su cuerpo, desde su arrugada nariz hasta sus pies. Llevaba puesto un pijama gris y negro del Mickey Mouse, que de los tobillos le quedaba corto.

Salió y se sentó otra vez, para seguir escribiendo.

“Estoy cansada de lo mismo, de leerme una historia, ya sea a través del móvil en Wattpad, en papel o descargada desde mi ordenador, y ver como el final siempre tiene que ser el mismo: bonito y feliz donde todo acaba de una manera perfecta. Estoy cansada de leerme tropecientas historias y llegar a la misma conclusión siempre. Porque no es justo, no hay derecho. Me pongo en la piel de los personajes, siento todos sus sentimientos y emociones, muero o revivo con ellos, para después llegar a aquel absurdo final que es demasiado incoherente; ya que todo se basa en equis casualidades con el objetivo de construir y formar un final maravilloso, aunque detrás de toda esta farsa quieran ocultar la maldita verdad. Y aunque sea maldita, prefiero que sea maldita, cruel y dura, que no hipócrita y superficial.

En realidad, estoy indignada hacia ese tema amoroso que acaba saliendo en todas las novelas, escritas con palabras agujereadas y ahogadas, sustituidas por palabras relucientes y vivientes. Puede que la culpa sea mía por caer en las entrañas de esos hechiceros libros que te dejan sin salida, hasta que finalmente, y por arte de magia, se abre de ellos la puertecita nunca hallada anteriormente, que trae la respuesta a esa pregunta que tenías dentro de tu cabecita durante toda la larga lectura.

El problema es que a mí no me sirve la respuesta, porque de ésta surge una pregunta inútil; el porqué. ¿Por qué los escritores hacen eso? ¿Qué intención tienen en hacerte sufrir? Leo tanto que me he acostumbrado a vivir dentro de un mundo inexistente, sumergida en una burbuja flotante ya inexplotable. Porque ya no vivo, sueño. Mi cerebro, de una forma incomprensible, construye ensueños de los cuales no puedo deshacerme ni con una cachetada fuerte en mi cara.”

Control G, documento de Word guardado. Lo cierra y apaga el ordenador.

Entonces, te bloqueas

y las palabras no te salen. No sabes cómo continuar, necesitas un cambio, algo distinto para poder avanzar. Pero no lo encuentras, no está, inexistente. Aun así, lo intentas y, sino, lo dejas apartado a un lado. Aunque quieres seguir intentándolo, no te quieres rendir. Y las palabras siguen saliendo de tus dedos pero no son las que tú quisieras, son otras, diferentes, atrás se quedan, no alcanzan la profundidad que quisieras darles.

Desde mi ventana

La cabeza me retumba las orejas, aun así observo el paisaje que se me ofrece desde la ventana. Un sol resplandeciente iluminando las copas de los árboles. Sólo veo verdor, aunque un poco de blanco, negro y marrón también, pues hay dos bloques de edificios y un hotel, el Sabadell. Simplemente puedo leer la primera palabra “Hotel” y las tres primeras letras “Sab”, grandes y gruesas, de color blanco. El cielo es azul celeste, uniforme, lo observo.

Rompiste mi muro

Me estoy enamorado de un misterio, el mío. Suceso inverso. Laberinto con salida, al final habrá la luz que brillará como una luciérnaga. Lo sé, maldita vida. Me pillaste en medio de un huracán, el más gigante, el que rompió contra mi muro de protección hacia el amor. Rompiste mi decisión.

normalidad

Me cuesta levantarme de la cama, pues el sol aun no ha entrado por la ventana y la oscuridad me deslumbra en sueños. Después de poner un pie en el suelo, y el otro también, camino, medio sonámbula, hacia el baño y, cuando salgo, me dirijo a la cocina. Allí me preparo un vaso de leche con Neskuik y cereales Special K. Me encantan los grumitos, chispitas, de chocolate, o como se llamen, yo los llamo así. Al terminar, lo recojo todo y me dirijo a mi habitación para encender el ordenador y escribir en este blog este post. Y no termino aun, hago una pausa, pues me voy a la ducha. Allá dejo que el agua moje mi pelo, haciéndolo nuevo, en otro mundo, el mío, donde me sumerjo. Seguidamente de ducharme, vuelvo al post y allí termino la última frase, esta que estás leyendo a continuación.

desencajas

A veces no encajas, desencajas.

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